Quisiera poder imaginarme
El horario de tus venas desgastadas
La tierra acumulada entre tus poros
En qué parte de la lengua
Se guarda la memoria de la fruta
Dónde se te rezagan los pensamientos dormidos
Si se te cuelgan del bastón como polvo inoportuno
O si es detrás del espejo que se te pierden como liebres huidizas
Quisiera conocer el remolino de tu pelo
Testigo de todos tus minutos blancos
En qué parte del armario cuelgas las horas
El lugar donde se duerme el olivo
Dónde se te esconden los nombres de tus hijos
Cuando el nomeolvides aún corona de tu casa la verja
Por qué no pierdes el sabor del primer vino
Ni lo absurdas que a tus pies se les han vuelto las aceras
miércoles, 4 de febrero de 2009
lunes, 2 de febrero de 2009
Crónica de un deshaucio
(WARNING: este espacio contiene información no apta para enfermos del corazón)
2.16 a.m.: Avanzadilla nocturna en las llanuras silvestres. Las dos figurantes de la fotografía contigua han decidido, con la firmeza de carácter que diferencia a las coliflores del resto de las verduras, por su corte cerebral, reconquistar el huerto del que, por manos ajenas y contra su voluntad, han sido violentamente expulsadas. La nueva carretera en vías de construcción tendrá que pasar por el huerto del amo Venancio, que con tanta dedicación las ha regado, desinsectado y fertilizado durante meses. Ahora, antes de terminar su completo desarrollo, han sido salvajemente arrancadas de la tierra, y, con sus raicitas colgando, y aún supurando savia, fueron brutalmente transportadas, en secuestro ilícito, durante horas hasta ser expuestas para su venta como esclavos ante una multitud de vegetarianos hambrientos. Cansadas de ser víctimas, y de tener que resignarse a los dictámenes impuestos por un sistema en el que ellas nunca eligieron creer, escaparon por la noche, en secreto, de Fruterías Marí y Asociados, donde por poco mueren brutalmente cocidas en la olla de Arco Iris, la clienta más asidua de la verdulería, temida en todo el reino vegetal por su especialidad en asados con bechamel. Ahora, resguardadas por la oscuridad de la noche, sin temor, se disponen a regresar a la huerta del amo Venancio, no sin antes descabalar los planes de ese camino de asfalto cuyo trazado alguien planeó sin contar con el trabajo milenario de los campesinos, verdaderos señores de la tierra.
(Continuará...)
jueves, 15 de enero de 2009
Cazadora de Tormentas
Hoy también hace viento como el día hermoso en el que os amaba. La atmósfera ayer, sin embargo, cargaba el aire de una pretensión extraña, la de confundir a todos los humanos con una electricidad presente como un tercer ser. Había un olor a tierra que aún no se ha mojado, y los objetos a las cinco de la tarde se paseaban por la soledad de la calle con una vida inquietante. ¿Qué era esa vida extraña que poblaba el ambiente de un modo tan claro que casi podía tocarlo? Y no se podía llamar bochorno porque no había nubes, de ahí que el cielo quería confundirnos y volvernos locos, haciéndonos esperar durante todo el día y toda la noche una tormenta inminente que no había de caer, electrificando y desequilibrando el pequeño ser natural del que aún estamos hechos, del que aún formamos parte. “Qué día tan extraño”, decía alguien de pronto, en mitad de un silencio súbito. A todos nos aletargaban el calor y el humo. Volvían las risas y las charlas densas, todo parecía normal, pero impregnada en el aire se palpaba una tensa espera. Al menos para mí. Qué día tan extraño, por fin va a descargar el cielo, pero no descarga y me va a dejar esperando con mi congoja, sin ayudarme a sacarla.
Supongo que quería que el cielo rugiera por mí, y esperaba poder hacer un ritual ayudada por la naturaleza que siempre parece ponerse de parte de uno en estos trances. Esperaba poder mojarme la cara con la lluvia y danzar. Pero con ella nunca se pueden hacer planes.
- ¿Qué quieres?
- Que caiga ya, que caiga...
Pero, con ella, nunca se pueden hacer planes.
Caminaba, pesada y desorientada, por la habitación como una parturienta a la espera. Como si en mi mismo vientre llevase, hecha carne, la carga espesa de la que quería deshacerme. Me echaba las manos a la espalda para mitigar mi dolor, y me pasaba una mano por la frente para subsanar el malestar extraño de mis átomos desconfigurados por la atmósfera. Es lo que tiene sentirlo todo. Cuando te hago el amor toco la cúpula del Universo, pero ésta es la otra cara de sentirlo todo, que cuando el Tercer Ser se presenta y sopla en tu oído tú lo oyes, lo oyes todo, y si el mundo está vibrando en negro tú vibras en negro con él.
Brrrrrrrrrrrrrrrooooooommmm por fin un trueno. La tierra se estremece haciendo vibrar mis huesos. Uno por uno chocan convirtiendo el sonido en un escalofrío que me recorre hasta la nuca, el lugar donde reside el miedo. Allí se para y me estremezco, no de miedo, de placer, al tiempo que un rayo ilumina la sala. El tercer ser que me habita se vacía con las primeras gotas que mojan mi cara en la terraza contaminada. Otro trueno. Y entonces lo sé. Tu avión ha sido alcanzado por el rayo que veré dentro de unos segundos, dos, tres, que me dirán a qué distancia volabas, cuatro, cinco, que dirán lo lejos que estoy yo de la tormenta, seis, siete, que me ponen a salvo de tí y del futuro que tendría que haber cerrado entonces, esa tarde inquieta, antes de empeñarme en ser cazadora de tormentas.
Supongo que quería que el cielo rugiera por mí, y esperaba poder hacer un ritual ayudada por la naturaleza que siempre parece ponerse de parte de uno en estos trances. Esperaba poder mojarme la cara con la lluvia y danzar. Pero con ella nunca se pueden hacer planes.
- ¿Qué quieres?
- Que caiga ya, que caiga...
Pero, con ella, nunca se pueden hacer planes.
Caminaba, pesada y desorientada, por la habitación como una parturienta a la espera. Como si en mi mismo vientre llevase, hecha carne, la carga espesa de la que quería deshacerme. Me echaba las manos a la espalda para mitigar mi dolor, y me pasaba una mano por la frente para subsanar el malestar extraño de mis átomos desconfigurados por la atmósfera. Es lo que tiene sentirlo todo. Cuando te hago el amor toco la cúpula del Universo, pero ésta es la otra cara de sentirlo todo, que cuando el Tercer Ser se presenta y sopla en tu oído tú lo oyes, lo oyes todo, y si el mundo está vibrando en negro tú vibras en negro con él.
Brrrrrrrrrrrrrrrooooooommmm por fin un trueno. La tierra se estremece haciendo vibrar mis huesos. Uno por uno chocan convirtiendo el sonido en un escalofrío que me recorre hasta la nuca, el lugar donde reside el miedo. Allí se para y me estremezco, no de miedo, de placer, al tiempo que un rayo ilumina la sala. El tercer ser que me habita se vacía con las primeras gotas que mojan mi cara en la terraza contaminada. Otro trueno. Y entonces lo sé. Tu avión ha sido alcanzado por el rayo que veré dentro de unos segundos, dos, tres, que me dirán a qué distancia volabas, cuatro, cinco, que dirán lo lejos que estoy yo de la tormenta, seis, siete, que me ponen a salvo de tí y del futuro que tendría que haber cerrado entonces, esa tarde inquieta, antes de empeñarme en ser cazadora de tormentas.
jueves, 8 de enero de 2009
Otra "LA OTRA"
Sucede en ocasiones
que se me llena la boca
de un grito dividido
Mientras yo quiero quedarme mi otra yo se desdobla y dice
*tengo que irme*
Quisiera tirar de su brazo y decirle que se quede
pero ella camina con paso apresurado, está doblando la esquina
ya llegó a otro lugar
y yo, entonces
me quedo
Ella es clara y ligera
y yo oscura y mi boca se divide en un grito de dos colores
Me como a la vez un pastel de fresa y un chile verde
Bebo aguardiente con leche para bebés
Mi labio sangra y río
mientras muerdo la Vida
su manzana y sus fracasos
que se me llena la boca
de un grito dividido
Mientras yo quiero quedarme mi otra yo se desdobla y dice
*tengo que irme*
Quisiera tirar de su brazo y decirle que se quede
pero ella camina con paso apresurado, está doblando la esquina
ya llegó a otro lugar
y yo, entonces
me quedo
Ella es clara y ligera
y yo oscura y mi boca se divide en un grito de dos colores
Me como a la vez un pastel de fresa y un chile verde
Bebo aguardiente con leche para bebés
Mi labio sangra y río
mientras muerdo la Vida
su manzana y sus fracasos
martes, 30 de diciembre de 2008
Gallos en conserva
Gallos en conserva y un sin fin de caracolas muertas.
Platos de año nuevo repetidos de generación en generación,
copas de champaña rotas de tanto brindar en busca de proyectos.
Aguinaldos que tapan agujeros, y agradecida de ello estoy porque los tengo.
GiGanTes verbenas y yo sin pareja de baile ni de juegos
ando por ahí como una estrella que emite su luz desde el pasado.
Perennes los juicios de mi descalabro y he mandado descoyuntar
esas malditas sirenas, que no dejan de auyar al faro.
Ay!desayunando frente al mar, se han borrado los recuerdos!
Feliz año venidero y prósperos sentimientos.
Platos de año nuevo repetidos de generación en generación,
copas de champaña rotas de tanto brindar en busca de proyectos.
Aguinaldos que tapan agujeros, y agradecida de ello estoy porque los tengo.
GiGanTes verbenas y yo sin pareja de baile ni de juegos
ando por ahí como una estrella que emite su luz desde el pasado.
Perennes los juicios de mi descalabro y he mandado descoyuntar
esas malditas sirenas, que no dejan de auyar al faro.
Ay!desayunando frente al mar, se han borrado los recuerdos!
Feliz año venidero y prósperos sentimientos.
sábado, 13 de diciembre de 2008
Cicatrices
La garganta regurgita
el viento
claudica en voz baja.
Dicen que al claro de Luna ha llevado una herida.
Las heridas se cosen con hilo blanco, del que resplancede bajo luz negra.
¡Que se vean!
por si acaso, se coloca un cascabel que nos avisará en caso de que escueza.
Las yagas y cicatrices se muestran a pecho decubierto, a media voz y con la embriaguez colgando de tu mano, como si de un respirador se tratara.
Levaron anclas con el viento de popa y el sol de cara, todos los naufragios...
pero siempre algún otro te reflota, sigues nadando tú hasta la costa.
te vistes de alivio, la llevas flores a ella, ese pedacito de tí que se ahogo
que no pudiste salvar.
te buscas en el espejo y la sonries a ella, la que emergió y simplemente camina.
Eres nueva
eres más vieja
cuentas otra cicatriz de vida.
el viento
claudica en voz baja.
Dicen que al claro de Luna ha llevado una herida.
Las heridas se cosen con hilo blanco, del que resplancede bajo luz negra.

¡Que se vean!
por si acaso, se coloca un cascabel que nos avisará en caso de que escueza.
Las yagas y cicatrices se muestran a pecho decubierto, a media voz y con la embriaguez colgando de tu mano, como si de un respirador se tratara.
Levaron anclas con el viento de popa y el sol de cara, todos los naufragios...
pero siempre algún otro te reflota, sigues nadando tú hasta la costa.
te vistes de alivio, la llevas flores a ella, ese pedacito de tí que se ahogo
que no pudiste salvar.
te buscas en el espejo y la sonries a ella, la que emergió y simplemente camina.
Eres nueva
eres más vieja
cuentas otra cicatriz de vida.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
La Otra
La otra coliflor salvaje está en una isla, la pequeña isla de al lado. Sé que las bicicletas no son para el verano, ni las motos tampoco (ella y el olor a quemado de la carne al entrar en contacto con el tubo de escape saben por qué lo digo)
Las coliflores salvajes tenemos una misión en la vida, pero como muchos otros seres de este planeta, aún no sabemos cuál es. Es por ello que necesitamos vacaciones. Resulta agotador tratar de descubrirla, y es por ello que la otra coliflor está disfrutando de unas vistas espectaculares en la isla de ensueño que alberga todos los cuentos juntos.
Uno de esos cuentos sostiene que una de las dos islas es buena y la otra mala. Una isla es oscura y callada, en invierno se queda vacía y se puebla solo de vientos de esos que son capaces de hacer enloquecer. La otra isla se llama isla blanca, reúne al mundo entero en su pequeña superficie y vacía los cerebros en las aceras y en las calles, en las playas y en las puertas de las luces de neón, te otorga el dulce nombre del olvido y te atrapa en sus garras de agua mansa...
Sólo quiero, de coliflor salvaje a mente vegetal, que piensen, que vislumbren e imaginen las dos islas, y que me digan cuál es la isla buena y cuál la mala...
Pues la isla oscura y callada en invierno, en verano tiene playas del color del paraíso, y está plagada de cuevas que te acogen y te duermen como un susurro fabricado con los dedos. Su viento te cuenta todos los secretos marinos, abre los caminos secretos de Alicia y sus pócimas, y los girasoles se te regalan detrás de los muros prohibidos. La otra, la isla blanca, duerme todas las intenciones que en otros momentos magnifica y deslumbra, acoge a las almas rotas, desfragementa los sueños y los convierte en monstruos voraces, para que luego, en verano, las atrocidades del alma queden escondidas detrás de una sonrisa...
La isla maravillosa en la que está la otra coliflor es la oscura, y yo estoy en la blanca, deshaciendo el puzzle para volver a construirlo. Así pues, queridos vegetales, no se me crean todo lo que en apariencia se les presenta a primera vista. Y es que ni la isla blanca es tan blanca, ni la oscura tan negra... y en un momento dado, según dónde uno esté, en esta orilla o en aquella, cualquiera de las dos puede terminar por convertirse en La Otra.
Las coliflores salvajes tenemos una misión en la vida, pero como muchos otros seres de este planeta, aún no sabemos cuál es. Es por ello que necesitamos vacaciones. Resulta agotador tratar de descubrirla, y es por ello que la otra coliflor está disfrutando de unas vistas espectaculares en la isla de ensueño que alberga todos los cuentos juntos.
Uno de esos cuentos sostiene que una de las dos islas es buena y la otra mala. Una isla es oscura y callada, en invierno se queda vacía y se puebla solo de vientos de esos que son capaces de hacer enloquecer. La otra isla se llama isla blanca, reúne al mundo entero en su pequeña superficie y vacía los cerebros en las aceras y en las calles, en las playas y en las puertas de las luces de neón, te otorga el dulce nombre del olvido y te atrapa en sus garras de agua mansa...
Sólo quiero, de coliflor salvaje a mente vegetal, que piensen, que vislumbren e imaginen las dos islas, y que me digan cuál es la isla buena y cuál la mala...
Pues la isla oscura y callada en invierno, en verano tiene playas del color del paraíso, y está plagada de cuevas que te acogen y te duermen como un susurro fabricado con los dedos. Su viento te cuenta todos los secretos marinos, abre los caminos secretos de Alicia y sus pócimas, y los girasoles se te regalan detrás de los muros prohibidos. La otra, la isla blanca, duerme todas las intenciones que en otros momentos magnifica y deslumbra, acoge a las almas rotas, desfragementa los sueños y los convierte en monstruos voraces, para que luego, en verano, las atrocidades del alma queden escondidas detrás de una sonrisa...
La isla maravillosa en la que está la otra coliflor es la oscura, y yo estoy en la blanca, deshaciendo el puzzle para volver a construirlo. Así pues, queridos vegetales, no se me crean todo lo que en apariencia se les presenta a primera vista. Y es que ni la isla blanca es tan blanca, ni la oscura tan negra... y en un momento dado, según dónde uno esté, en esta orilla o en aquella, cualquiera de las dos puede terminar por convertirse en La Otra.
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